Lo dejé entrever en una entrada del año 2017 titulada "¿Son libertad y amor conceptos antagónicos?", añadiré una serie de acotaciones en esta segunda parte.
Dicen muchas filosofías, generalmente orientales, que no te identifiques ni con tu ego ni con lo que le acontece, el caso es que eso me recuerda a la "alteración pasajera perceptual" denominada desrealización.
El problema es que cuando adoptas esta postura vives con menos intensidad el ju-ego, me explico, si por ejemplo eres del Real Madrid desde chiquitito, conoces su historia, sus jugadores, sus proezas, pero dejas de identificarte con unos colores, y ves los partidos con desap-ego, al final no gozarás tanto de las victorias, tampoco sentirás tristeza por las derrotas, ¿Se me entiende?. Este no deja de ser un ejemplo banal.
Si para huir del dolor la contrapartida es la anhedonia, pues vaya.
Vivimos en la época de las siglas identitarias LGTBIQ..., la gente se pelea en twitter por sus identificaciones, yo por ejemplo me identifico con un jugador del ju-ego que busca entender su origen, sus reglas, que intenta evitar sufrir en la medida de lo posible, y que también intenta disfrutar de la partida.
Intuyo que es importante no tomarse a uno mismo demasiado en serio, saber reírse de las contradicciones propias, vacilar y encajar los vaciles. Mucha gente se comporta de determinado modo para satisfacer las pretensiones prefabricadas de otros, ya sean padres, amigos, pareja, etc, sin pararse a reflexionar de donde vienen estas pretensiones.
Una vez intuyes que los poderes fácticos buscan controlar tu percepción mediante consignas, que lo que tú acabes creyendo, se acaba convirtiendo en tu experiencia, lo dicho, una vez que tomas consciencia de esto, puedes caer en la desrealización mentada al principio de esta entrada, pero también tendrás más herramientas para no ser jugado e intentar tomar las riendas de la partida.


