Hace unos días respondí con erratas de tipeo (todo sea dicho) a un aforismo formulado en X formerly Twitter por un mutual. El aforismo en cuestión hablaba sobre la necesidad de transformarse en aquello que uno pretende domar.
Mi respuesta no pretendía discutir sobre la conveniencia moral de responder a un agresor con sus mismas armas, ni defender la violencia, ni reivindicar aquello que el ejemplo pudiera implicar literalmente. El ejemplo que utilicé era simplemente una forma de poner a prueba la estructura lógica del aforismo.
La operación que estaba haciendo era bastante sencilla: si la proposición es «para domar X tengo que convertirme en X», ¿qué ocurre cuando sustituimos X por otra cosa? ¿El principio sigue funcionando? ¿Es realmente una estrategia consciente o podría describir también un proceso de reactividad, adaptación o identificación con aquello que nos ha hecho daño?
Lo que ocurriría después fue revelador para mí, y no en el sentido que esperaba. Compartí dicha captura en diferentes redes sociales (formato storie en insta, como "note" en substack, en el grupo de Telegram Rarucios, y por privado vía otras redes de mensajería).
La conversación posterior (en los lugares que os acabo de mencionar, no en X) quedó fosilizada en una de las palabras de mi ejemplo: "bully".
Y esto es lo que me resultó extraño. No porque alguien interpretase inicialmente mi comentario de una manera diferente (eso sería entendible), sino porque incluso después de explicar explícitamente lo que estaba intentando analizar (lo que para mí era un axioma lógico endeble), algunas respuestas continuaron desarrollándose como si yo hubiera formulado una tesis sobre el bullying, la violencia, la venganza o la legitimidad de responder a un agresor. Pero yo no estaba hablando de eso.







