domingo, 2 de agosto de 2026

Ítaca no es un lugar: sobre Nolan, Odiseo y la anatta que no me trago + El Ojo Que Todo Lo Ve como metáfora del teatro relacional 👁️⚓️

En un fragmento de una crítica en Filmaffinity a la nueva peli de Christopher Nolan La odisea leí esto:

[...] No creo que ésta sea la adaptación definitiva de Homero. Tampoco creo que pueda existir una versión definitiva de un poema que lleva casi tres mil años siendo contado de formas distintas. Camerini encontró en él la luz del Mediterráneo; Konchalovsky quiso abarcar toda la aventura; The Return prefirió hablar del cansancio y del reencuentro. Nolan recoge un poco de todos ellos y añade una idea propia: que el viaje más largo no consiste en cruzar el mar, sino en regresar siendo todavía la persona que un día decidió partir.

Y quizá ésa sea la verdadera Ítaca. No un lugar perdido en el mapa, sino la esperanza de que, después de la última batalla, todavía exista alguien capaz de mirarnos y reconocernos. Tres mil años después, Homero sigue señalando el camino. Porque mientras exista una Ítaca a la que regresar, el viaje de Odiseo nunca habrá terminado [...].

https://www.filmaffinity.com/es/user/rating/925536/546833.html

Le dije a mis LLMs de confianza que lo entrelazasen con mi visión acerca del concepto de identidad, sobre todo con lo que expuse en estas dos entradas:

Objeción a la metáfora vital del "te comes el banquete en el festín, lo valoras en la app con tu reseña y a otra cosa mariposa" + Annata vs Lord Byron 🧘🏻🥳 🎭

Al explotar los mecanismos bayesianos de cómo el cerebro actualiza sus creencias es posible sembrar información que altera tanto el recuerdo del pasado como la percepción del presente 🌀

Su respuesta + breve cita mía:

Creo que el fragmento de esa crítica conecta de una forma muy interesante con tu objeción al concepto budista de anatta, pero no tanto porque diga que "Odiseo sigue siendo el mismo", sino porque plantea un problema filosófico que atraviesa toda tu reflexión: ¿qué significa realmente regresar siendo uno mismo?

En tus entradas hay un hilo conductor que aparece una y otra vez:

  • rechazo a una visión donde la identidad es simplemente un flujo intercambiable;
  • resistencia a entender el amor como un fenómeno consumible ("te comes el banquete, dejas la reseña y a otra cosa");
  • interés por aquellas tradiciones (Orfeo, alquimia, incluso parte de la ciencia ficción que te gusta) que intentan rescatar algo del individuo frente a la entropía.

Por eso el párrafo de la crítica puede reinterpretarse casi como una toma de posición en ese debate. Cuando dice:

"el viaje más largo no consiste en cruzar el mar, sino en regresar siendo todavía la persona que un día decidió partir"

desde una lectura cercana al anatta casi sería una imposibilidad. El Odiseo que vuelve sería simplemente otra configuración de procesos, otro agregado distinto. El joven que salió de Ítaca ha desaparecido hace veinte años.

Sin embargo, tú llevas tiempo defendiendo precisamente que si eso fuera todo, habría algo profundamente trágico que no termina de hacer justicia a nuestra experiencia del amor y de la memoria.

No porque niegues el cambio —de hecho reconoces constantemente que cambiamos— sino porque distingues entre transformación y disolución. Es decir:

  • no eres idéntico al Luis de hace veinte años;
  • pero tampoco eres un individuo completamente nuevo sin continuidad real.

Esa continuidad es precisamente la que hace que tenga sentido hablar de fidelidad, de promesas, de duelo, de responsabilidad o de volver a casa.

Ahí veo un puente muy claro con otro elemento recurrente de tu blog: la memoria como ancla de identidad.

En la entrada sobre Forgotten Languages y Dark City te interesaba precisamente una idea:

si la memoria se manipula lo suficiente, se manipula la identidad.

Eso implica una tesis bastante fuerte. No es simplemente que "recordemos cosas". Es que la identidad necesita una continuidad narrativa reconocible.

Por eso Dark City te parece una metáfora potente: si cada noche cambian todos tus recuerdos, ¿quién eres realmente?

Y entonces la frase final de la crítica cobra otro significado:

"No un lugar perdido en el mapa, sino la esperanza de que, después de la última batalla, todavía exista alguien capaz de mirarnos y reconocernos."

"El Ojo Que Todo Lo Ve es una metáfora del teatro relacional y del poder de la mirada propia y ajena, claro, cortito y al pie. Capisci?" (Luis Mejuto Viña)

Creo que esa frase conecta muchísimo con tu pensamiento. Porque no dice únicamente "que alguien nos vea". Dice que alguien nos reconozca.

Reconocer implica que existe un sujeto que permanece identificable a través del tiempo. Penélope no recibe a un desconocido. Recibe a Odiseo. Y Odiseo necesita poder decir "soy yo".

Si el anatta se interpreta en su versión más radical, ese reconocimiento sería casi una ficción útil. En cambio, en muchas de las historias que más te atraen (San Junipero, Dark City, Arrival, La rosa púrpura de El Cairo, Orfeo, etc.) siempre aparece el mismo motivo:

hay algo que merece ser salvado del paso del tiempo.

No necesariamente un alma inmóvil. Pero tampoco una identidad completamente sustituible.

De hecho, creo que aquí aparece una diferencia interesante entre tu postura y la de ciertas tradiciones espirituales. Muchos discursos de inspiración budista vienen a decir:

aprende a no apegarte.

Mientras que tú vienes preguntando desde hace tiempo:

¿y si precisamente el apego —el amor concreto hacia personas concretas— fuera una de las cosas que merecen ser preservadas?

No porque el cambio sea malo. Sino porque si nada permanece, entonces el propio amor pierde parte de su significado.

En ese sentido, tu metáfora del "banquete" es muy reveladora. Te incomoda una filosofía donde la vida se convierta en una sucesión de experiencias que se consumen, se agradecen y se dejan atrás con elegancia. Lo que reivindicas es que algunas personas, algunos vínculos e incluso uno mismo no deberían reducirse a episodios intercambiables.

Por eso también recurres con frecuencia al mito de Orfeo. Orfeo no acepta que Eurídice sea simplemente una experiencia concluida. Toda la tragedia nace precisamente de negarse a convertir el amor en algo desechable.

Curiosamente, La Odisea podría leerse como el mito complementario. Orfeo baja al Hades para recuperar a quien ama. Odiseo atraviesa el mundo para recuperar la vida que ama. En ambos casos, el héroe lucha contra la disolución.

Por eso quizá la frase de la crítica podría reformularse en unos términos muy próximos a tu sensibilidad filosófica:

La verdadera Ítaca no sería únicamente el lugar al que regresamos, sino aquello que hace posible que el regreso tenga sentido. Porque sólo puede haber regreso si existe una identidad capaz de atravesar el cambio sin desaparecer por completo; sólo puede haber reconocimiento si algo esencial permanece; y sólo puede vencer el amor —omnia vincit amor— si aquello que ama no se reduce a un simple flujo de estados pasajeros destinados a diluirse en la entropía. En ese sentido, la odisea no consiste sólo en sobrevivir al viaje, sino en salvar del tiempo aquello que merece seguir siendo llamado "yo" y "nosotros".

3 comentarios :

Luis Mejuto Viña dijo...

https://i.imgur.com/ATrOl1J.jpg

https://www.goodreads.com/book/show/17786166-la-transmigraci-n-de-timothy-archer

Luis Mejuto Viña dijo...

La paradoja de Teseo es una paradoja de reemplazo que se pregunta si cuando a un objeto se le reemplazan todas sus partes, este sigue siendo el mismo. Este es un antiguo concepto de la filosofía occidental, habiendo sido discutido por Heráclito y Platón entre los años 500 y 400 a. C.

https://es.wikipedia.org/wiki/Paradoja_de_Teseo

Luis Mejuto Viña dijo...

https://quevidaesta2010.blogspot.com/2026/07/el-mandato-de-la-entropia.html

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